A Never Mind state (Reflexiones de una chica de 31)

Esta semana cumplo 31 y mi blog 1. ¿Cómo me siento? Bien, normal, como siempre, no les voy a decir “súper chicas”, “nunca me he sentido más feliz en la vida”, “todo el mundo debería cumplir 31 porque es la sensación más espectacular del mundo!!!!” ni tampoco “hasta las huevas”, porque no, sería venderles gato por liebre, conejo por rata, Adibas por Adidas, Brad Pizza por Brad Pitt.

Sé que esté es un blog de moda y belleza y estilo de vida pero hoy voy a dejar de trabajar para ustedes con consejos, concursos y demás y les voy a escribir desde lo más profundo de mí corazón sobre lo que siento al cumplir 31 años.

A pocos días de cumplir 31 siento que he aprendido algunas cosas y reflexionado otras, que no es lo mismo, porque puedes reflexionar sobre ciertos temas pero realmente no sacas ningún aprendizaje, ¿no?

¡¡¡¡¡Aquí vamos!!!!!!

  1. No me obsesiona casarme. Cuando cumplí 30 o estaba a punto de, una de mis mejores amigas se casó y yo ya estaba como cuy en tómbola, planeando mi boda en Pinterest… Tenía novio ya no podía más con el tema. Luego, algo pasó, muchas de las relaciones más cercanas que conocía se empezaron a desmoronar, matrimonios que yo consideraba envidiables, bodas a las que yo había ido, gone. ¿Qué pasaba? Nada, eso es lo que pasaba, el matrimonio es algo que sucede, que pasa, no se busca con desesperación, a muchas mujeres a los treinta les entra un bicho bien cojudo, un virus, a mí me entró, pero felizmente me curé y no me da roche confesarlo con ustedes. Así que en este tema estoy tranquila: check. (Ojo, que si me caso en unos años porque encontré el amor de mi vida y vale la recontra pena no impriman esto y vayan a la ceremonia con el papel, pues… ¿Ya?)

  1. La vida es durísima. Nunca tuve la casa a Barbie cuando yo era un troll pequeño, pero nunca me faltó nada. Todo lo básico  fue cubierto y mis papás siempre se preocuparon por mí de la mejor manera que ellos pudieron. Pero, llegando a los 30 y pasando ese primer año es como algo te choca. No me malinterpreten, ya terminando la universidad y empezando tus primeros trabajos te das cuenta que la vida es dura, obvio, pero a los 30 es como que la cosa se pone peor que el juego español de la Oca, ¿recuerdan? Dicen que cuando tienes hijos es más dura, pero ese es otro escenario, a los 30 se viene el huayco de emociones, pagos, primeras arrugas, conflictos reales existenciales. Dios te coja confesada o alguien más. Pero es un día a día, no te sientas mal de no poder, no te sientas mal de sentirte mal, está bien, lo que haces está bien, mi único consejo es que no pares, aunque tus pasos sean pequeñitos, no pares, por lo demás sigue y de verdad no tengas miedo de sentirte mal, porque estar triste, no querer pararte un día de la cama o dos o tres es parte del juego de la vida.

 

  1. No me dejo para después. El blog tiene un año, pero la verdad es que yo hice un blog ahí por el 2010, lo tuve unos meses, se llamaba… Dios, no sé si decirles esto. Ok… “Sácate los ruleros” (Búrlense…) Bueno, el tema es que lo dejé y era la época en que recién los blogs empezaban y ahora siete años después he decidido hacer de esto un proyecto más serio. Así que no importa lo que quieras,  comprar una casa, tener hijos, escribir un libro, obtener una segunda licenciatura o un grado más avanzado, cambiar de carrera, aprender a tocar un instrumento musical o a cocinar,  empieza hoy con lo más sencillo no importa la edad que tengas. 

  1. No soy sexy, me siento sexy. Y este es el punto que más me gusta explicar. ¿Por qué creo que no soy sexy sino que me siento sexy? Estoy totalmente segura que en mis veinte tenía una mejor piel, un mejor cabello, mis ojos brillaban más, quizás hasta mi voz era más suave, mi culo más levantado, mis tetas más paradas y era más fértil por lo que seguramente mandada señales de esas que mandaban mi tatarabuela cavernícola cuando quería aparearse. El tema es que a mis veintes era insegura, me moría de ganas de usar un vestido ceñido a mi cuerpo regio sin un mínimo esfuerzo de gimnasio y luego de una huachana de Bembos y si lo usaba caminaba chueco, soportaba los comentarios ofensivos de mis supuestas amigas, no era capaz de lucirme, de vivir en mi propia piel. Y no solo con un vestido ceñido, si hoy me visto toda de negro me siento sexy, me pongo un moño y me siento sexy, porque ser sexy es una decisión y una actitud, nadie tiene que ser sexy, pero si quieres serlo, selo con convicción. Ser sexy no te lo da la ropa, te lo das tú por dentro. Y, ¿qué es ser sexy? Pues creo que a mis 31 años concluyo que cada una y uno puede y debe tener su propia definición de “sexy”, abajo con homogeneizar ese tipo de conceptos. Para mí, ser sexy es sentirse bella y poderosa con ropa o sin ella ¿Y para ti qué es ser sexy? 

  1. No me molesta que me digan señora, pero sí que… No voy a hacer un drama porque el señor o muchachito (je je je) de Vivanda me diga “Gracias, señora”, ya, eso ya fue…yala mil veces. Lo que sí me jode es que gente que recién conozco y yo también tengamos la costumbre de decir, cuando nos enteramos de la edad de la otra persona, “ay, no pareces de treinta… y…tantos”. A ver, alto ahí…¿Por qué? ¿Hay un almanaque, diccionario en donde uno busca edad y te sale más o menos la cara que uno debe tener? ¿Por qué nos alegramos cuando nos dicen no pareces y nos sentimos en la mierda absoluta si es lo contrario? Simplemente, la próxima vez que te digan la edad de alguien no digas nada, ya está, esto no es una competencia de qué piel se muere primero. Así que aprendamos juntos a ser respetuosos con ese temita, ¿Oki?

 

Y bueno, aquí acaban mis aprendizajes en este año. Un año en el que este blog me ha acompañado con muchas cosas, enseñanzas, sorpresas y espero poder tener mucho más tiempo y disposición para poder seguir escribiendo y compartiendo con ustedes que es lo más me gusta y disfruto, compartir, comunicar, dar.

 

Un beso, forever 31 y guárdenme panetón!